23 sep 2017

The Legend of Zelda: The Book of Dreams (69)

Capítulo 69: La Otra Historia (p5)


                Rika había logrado evadir al hombre en armadura por varias semanas haciendo uso de todo el terreno boscoso que se extendía por el norte y este del territorio, limitado hasta el océano únicamente por las montañas al extremo norte.

                Su persecutor nunca dejó de seguir su rastro por un tiempo muy prolongado, sin embargo hubo dos cosas muy importantes: la marca negra como quemadura en su brazo, la cual se la hizo hace mucho tiempo, era una especie de sello con la cual podían seguirle el rastro; y aquel hombre en armadura no la perseguía durante la noche, aun cuando estuviera muy cerca a partir de cierta hora caía dormido.

                Sin poder arriesgarse a que estando a proximidad llegara a despertar, Rika jamás llego intentar pelear contra él o asesinarlo pues algo en él, una especie de aura, le daba  entender claramente que esa pelea jamás la ganaría.

                Después de varias noches donde tuvo que usar más de la mitad del tiempo para incrementar la distancia, así como seguir corriendo, cazar y comer durante el día, para ya las horas de la tarde su cuerpo no pudo más y terminó cediendo ante la fatiga y cayó dormida.

                Soñando con los viejos tiempos llegó el momento en que su subconsciente la hizo reaccionar para despertar al no poder darse el lujo de dormir. Y lo primero que observó al abrir los ojos fue una llama acercarse.

                Rika se movió a un lado y rodó para evitar ser impactada por una bola de fuego que prendió en llamas todo el árbol que usaba como apoyo. Después de quitarse lo sorprendida volteó a ver la dirección de donde vino el fuego y a quien miro fue a ese hombre en armadura, cargando en su mano con una espada incendiada.

                Cuando Rika reaccionó tomando un cuchillo en su mano izquierda su enemigo corrió al ataque y la persiguió hasta que ella  se fue en otra dirección y usando el impulso de su correr se subió rápidamente a un árbol.

                La pérdida de tiempo se subirse a un árbol dejó al enemigo aun más cerca, pero todo fue con el propósito de mantenerse lejos de un combate cercano y dirigirlo a una trampa. Preparar la bola de fuego a lanzar con la espada tomaba algo de tiempo, así que no era como si pudiera lanzar llamas incesantemente mientras la perseguía.

                Haciendo que la siguiera con la vista hacia arriba, Rika lo guió hasta una fosa cubierta de ramas, tierra y malesa, capaz de soportar el peso de ella pero no el de un hombre vistiendo tanto metal encima. Después de una bola de fuego que casi la golpea pero la hizo caer al suelo el enemigo cayó hacia ese hoyo no tan profundo pero cubierto de estacas afiladas, de las cuales solo algunas lograron incrustarse en las uniones de la armadura.

                Después de permanecer un momento inmóvil al lastimarse un pie al caer mal desde el árbol sintió curiosidad por saber que tan bien funcionó la trampa, pero el juicio correcto era seguirse moviendo. Si la trampa lo asesinó todo estaría bien, pero si falló entonces sería un error acercarse, en especial ahora que estaba lastimada.

                Tras unos minutos caminado despacio escuchó una gran explosión y los árboles comenzaron a incendiarse. Las sombras y el fuego dificultaban verlo, pero el sonido del metal lo delataba.

                El sujeto en armadura fue herido por las estacas y sus pasos eran lentos y pesados, pero ahora se encontraba enfurecido y dispuesto a quemar el bosque para eliminarla. Al parecer algo también estuvo mal con su visión pues algunas bolas de fuego que arrojó no la golpearon sino que estrellaron con árboles cerca de ella, haciéndolos estallar y lastimándola en su brazo izquierdo.

                Además del daño de las heridas el sello en su brazo palpitaba y la adolecía mientras ella hacía todo lo posible para escapar. Para ser más preocupante aun sus oídos no le mentían y las pisadas de ese hombre lentamente comenzaban a ser más frecuentes.

                Llena de desesperación siguió impulsándose hacia adelante entre los árboles incendiados para ganar ventaja o mantenerla. Si el hombre en armadura se recuperaba lo suficiente para correr sería su fin. La visión no era buena y el calor con humo sofocaban, así que no pudo ver bien cuando llegó a un deslave  y se deslizo por la tierra.

                Resbalándose entre tierra, piedras y lodo al final cae cerca de un río, la corriente era fuerte pero estaba segura que aun con sus heridas sería capaz de mantenerse a flote. Antes de que su persecutor pudiera acercarse más se arrastró y aventó al rio para huir de ahí.

                Rika nadó en la dirección de la corriente lo más rápido que pudo y cuando el cansancio llegó a sus límites se vio en la necesidad de llegar a una orilla. Una vez que tuvo la mayoría de su cuerpo en tierra miró al cielo y al ver las estrellas en la noche su ente entró en calma, por ahora estaba salvo.

                Después de varios días inconsciente, soñando de manera alterada con sus recuerdos de infancia y su reciente problema de ser perseguida y sufrir de una maldición en su brazo, Rika despertó en un cama dentro de una desgastada casa de madera, en donde conoció a Zelda, una mujer dulce y amable.

                Zelda, quien era la médica de la aldea, cuidó de ella por algunos días en lo que recuperaba sus fuerzas, pero cuando estuvieron hablando Rika se volvió consciente del problema que aún no tenía solucionado. Ese hombre seguiría persiguiéndola, una persona capaz de asesinar a todos los sheika en un solo día en cualquier momento aparecería y Zelda, y los demás elfos viviendo cerca, serían masacrados.

                Rika se apresuró en salir de ahí sin explicar a Zelda que era lo que ahora la tenía tan asustada y se escondió de la vista de cualquiera mientras se aseguraba de saber si todo era seguro o no.

                Cuando Rika estuvo en las casas más a la orilla de la aldea encontró en el suelo guadañas tiradas en el suelo, con las que procedió a cortarse el brazo desde el codo para quitarse de encima la marca que ese sujeto usaba para encontrarla. Sufriendo por el dolor y pérdida de sangre se robó una túnica para cubrirse la herida.

                Antes de marcharse de ahí buscó hasta encontrar alguna clase de fuego encendido, encontrando únicamente tres cadáveres incendiados. Aproximándo su brazo herido quemo su herida para cerrarla y se fue de la aldea en busca de algún nuevo lugar que pudiera considerar seguro.


                Con una túnica robada como cubierta de herida y una guadaña robada, Rika se marchó esperando que su presencia no ocasionara algún problema. Y buscando estar más segura de eso se llevó consigo su brazo cortado, con el propósito de dejarlo abandonado lejos de ahí.

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